empatía
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Por: Ideology Learning | @idLearning1

 

“Empatía para el Docente” Actualmente es el grito de guerra de todos y cada uno de los docentes ante las situaciones en las que se ven diariamente involucrados debido a la nueva modalidad educativa. Frase, consejo, advertencia o hasta manda, está cada día presente en todas y cada una de las redes sociales cuando se hace viral o de conocimiento común, alguna situación en donde lamentablemente, el compañero docente queda en evidencia ante el actual reto.

 

No pasa más de una semana en donde uno o dos videos son esparcidos por todo el internet, mencionando que “el pobre profesor…” que “un humilde docente de edad avanzada…” que “un maestro quebró en llanto frente a sus alumnos…” y que tal papel, sujeto o protagonista, pareciera ser creación del Director Mexicano Ismael Rodríguez en su famosa película de 1948.

 

Un personaje, cuya desventaja es notable ante las situaciones del “México contemporáneo” y que, además, los beneficiarios de su actuar son parte importante de un país lleno de limitaciones en dónde hoy más que nunca, las diferencias del poder adquisitivo están siendo recalcadas. Evidenciando la diferencia de actividades que pueden ser llevadas a cabo de una esfera social a otra, dando como resultado el grado de experiencias académicas o didácticas en el sistema educativo. Siendo que éste, debiera ser el mismo para todos los integrantes en formación básica y media superior.

 

La atención al problema.

 

El dirigir la atención haciendo un llamado a la “Empatía del alumnado” no soluciona para nada el problema. Hacer un llamado a la cordura o el sentido común del alumno adolescente (que ya bastantes problemas emocionales y personales tiene por la edad) pidiéndole paciencia, comprensión o empatía, no solucionará a largo plazo el problema o las carencias en el actuar docente.

 

Los alumnos no tienen la solución, no tienen las herramientas ni mucho menos la preparación para salvar o mantener un sistema agonizante e indefenso ante la amenaza del mundo moderno o del mercado internacional completamente globalizado, digitalizado y competitivo.

 

Pedirles empatía a los alumnos agrava aún más el problema académico. Pero ¿por qué? Sencillamente porque los alumnos nos gusten o no, es el público o es el consumidor final de nuestro producto, de nuestro actuar, de nuestra actividad laboral. El alumnado es el crítico necesario que uno como docente tiene para saber qué más nos falta mejorar.

 

En un mundo globalizado, piensen al alumno como un consumidor común y corriente. Imaginen qué pasaría si el consumidor acepta todo lo que se le dé sin ni un destello de protesta sobre los productos que adquiere. Imagine su persona comprando algo frío, sin empaque, sin instrucciones, sin terminar, sin estar bien cocido, sin acabados, incompleto, semi-funcional, y que el vendedor le diga a usted “tenga, lléveselo y por favor, tenga empatía”.

 

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Imagine que va a una tienda y paga con un billete de 100 y le deben cambio de 60 pesos y el vendedor le dice “por favor, tenga empatía” no hay cambio. O que usted, vaya y compre un equipo de cómputo y al llegar a su casa se da cuenta que no tiene el teclado. Acto seguido, llama para reclamar que en la caja decía que incluía un teclado y el vendedor le responde, “sí, pero actualmente es lo que hay, no tenemos en existencia, por favor tenga empatía y deje de llamar”

 

Si el docente – está al servicio de la Educación – imaginemos ahora nuestro papel como docente/vendedor ante el alumno y los padres de familia, ¿es culpa de ellos?

 

El dirigir la atención a la empatía del alumnado no soluciona el problema, al contrario, lo hace mayor, porque está de forma inconsciente disminuyendo la problemática para tratar de no tocarla, de no mencionarla y obviamente, de no solucionar de raíz la situación que lo origina.

 

Que se critique al alumno y su falta de empatía es la salida más simplona y lamentablemente, en lugar de atacar el problema real que es LA FALTA DE FORMACIÓN DOCENTE toda la crítica dura se va dirigida al acto cívico de la empatía del alumnado, cuando, como lo ejemplifiqué antes, ellos, el público o consumidor final, no tiene la culpa ni la responsabilidad del servicio o producto que se les ofrece.

 

La atención al sistema.

 

En más de una ocasión en este mismo espacio se ha mencionado que las reformas Educativas han sido mayormente enfocadas a Reformas Laborales, que las tan llamadas Actualizaciones Docentes (mismas que son comentadas por docentes) son actos burocráticos que tienen que ver más con talleres de, cómo llenar actas, cómo redactar planeaciones, del cómo funcionar como comités o del cómo tener una buena gestión administrativa de todo lo que genera en información como matricula el alumnado.

 

Si tan solo, estas actualizaciones o formaciones docentes se hubieran hecho… mejor, estaríamos hablando que los docentes sabrían manejar al menos las opciones de Classroom (ya que desde sus inicios ha sido gratuito) desde 2014 y que, en efecto, cinco o seis años después cuando la Pandemia nos orilló a mantenernos en cuarentena – nada del mundo digital – hubiese tomado por sorpresa al magisterio.

 

Dónde está el llamado departamento de Planes y Programas, dónde están todos esos Supervisores de zona, Asistentes de, Representantes de Comité, Consejos Administrativos/Docentes…  ¿Qué es lo que en verdad sus integrantes hacen? Y sobre todo, ¿Dónde está el frente dedicado a la Investigación Educativa del sistema que lleva o maneja nuestra Educación?

 

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Al profesor del día a día, al profesor diario, al profesor de zona rural, al profesor de preescolar, al profesor de Bachilleratos, actualmente de qué le sirve para entregar sus trabajos, para dar su clase o para mantener un control sobre su espacio virtual, saber de los postulados de P. Freire, las recomendaciones de 1996 de Jacques Delors, de qué le sirve manejar y recitar el Artículo Tercero de la Constitución, qué le otorgará al profesor de cuarto de primaria retomar la Educación Holística de finales de los años 90’s en su sesión online llena de imprevistos, para qué quieren que el profesor tenga horas y horas y horas de formación docente llenos de postulados de Platón, de la maestra Montessori, Pestalozzi o enterrarlos en horas de lectura sobre el trabajo de los hermanos Díaz B.

 

Y así podría seguir mencionando a todos esos Colosos de la Educación con sus trabajos y convertir esta lectura, en una lectura más, de esas que están siendo utilizadas para bombardear a los docentes en sus cursos de formación de más de 2 horas por sesión en 2 días por semana.

 

Con un total mínimo de 4 horas de estar frente a un monitor simplemente “escuchando” porque lamentablemente, la capacitación los está moldeando a – escuchar y ser pasivos – pero eso sí, esas mismas personas que se los brindan, les recomiendan que sus clases sean “dinámicas y participativas”

 

Seamos cuerdos, les están implementando un sistema de escucha y atención de más de dos horas y con ese ejemplo les piden que sus productos seas “diferentes”. ¿No les resulta irónico?

 

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Así que antes de pedir – empatía – mejor dirija la atención a la raíz del problema. Analice los datos, busque aliados, información, reúnase con los demás profesores y en consenso, empecemos a trabajar de forma local e interna para una mejora educativa. Porque lamentablemente (y lo sabemos bien quienes hemos estudiado la Educación desde hace un par de años) si el Sistema Educativo está esperando encontrar un modelo en el extranjero para simplemente “Copiar y Pegar” estará condenado al fracaso.

 

Y fracasará porque cualquier modelo extranjero que se quiera “imitar” está sustentando en necesidades particulares y específicas de la cultura que lo produce. Está siendo la respuesta a las necesidades de un mercado local y expuesto a competencia global diferenciada por regiones. Un sistema extranjero es el fruto del análisis de los integrantes de una cultura, por ende, el fracaso está garantizado porque no es un producto hecho o realizado para o por la cultura mexicana.

 

Así que no nos queda más que cerrar filas y poco a poco. Por áreas, por escuelas, por institutos, por grupos, por secciones, ir diseñando un nuevo sistema que se ajuste a las necesidades contextuales de nuestros estudiantes.

 

Porque nos guste o no, la solución al atraso escolar no vendrá de fuera ni como resultado de la empatía social.

 

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