Pandemia
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Por: C.P. América Rojas Cruz | @AmericaRojas

 

Mucho se ha hablado sobre la búsqueda de la Igualdad entre  mujeres y hombres, la búsqueda de los derechos y oportunidades, en el trabajo, en la salud, en la educación, en la política, en la expresión y en la participación.  Como resultado de ese añejo Debate  en México, se han modificado diversas leyes,  que tienen  un punto de partida en el año de 1955 con la liberación del derecho al voto para las mujeres y en 1974 cuando se modificó el Art. 4º. Constitucional para que hubiera igualdad entre mujeres y varones en el ejercicio de sus derechos y en cumplimiento de sus responsabilidades, así como también la creación de la Ley General para la Igualdad entre mujeres y hombres y la Ley General de acceso de las mujeres a una vida sin violencia, entre otras.

 

Por lo tanto existen las bases para que la igualdad de género exista en nuestra sociedad, incluso hoy día los partidos políticos tienen la obligación de garantizar la paridad e igualdad en los diferentes cargos en el ámbito político, no solo para que las mujeres ocupen espacios sino para que sea en la misma proporción e importancia, sin simulaciones ni discrecionalidad, es decir, los derechos políticos electorales están garantizados.

 

No obstante lo anterior,  aún hay DERECHOS HUMANOS  pendientes  por atender  para todas las identidades de género.

 

En la historia del mundo el triunfo de  la igualdad no es un tema reciente, desde inicios del siglo XX en algunos países las mujeres lograron el reconocimiento de sus derechos, sin embargo, actualmente  hay muchos en los que esto está muy lejos de suceder.

 

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A partir de esos reconocimientos, muchas mujeres se han destacado por sus aportaciones en la ciencia, en la medicina, en la política, en el ámbito social, en el deporte, en el periodismo, en la literatura,  etc. Hay grandes mujeres que han sido reconocidas y galardonadas hasta con un Premio Nobel por sus grandes aportaciones a la sociedad en los distintos ámbitos.

 

Sin embargo, a pesar de esos años de lucha, de los avances logrados  y  las  reformas  jurídicas,   valdría la pena preguntarse si realmente existe esa igualdad y si un marco normativo garantiza que la realidad cambie y se logre la igualdad de géneros.

 

Al parecer la materialización de los grandes cambios nacionales e internacionales se ha buscado hacia afuera, allá en la sociedad, en las organizaciones, en los juzgados, en los parlamentos, en las tribunas,  en el debate de las ideas,  en la procuración de justicia, como si por decreto pudiera cambiarse una ideología y una forma de pensar tan arraigada por muchísimos años y heredada de generación a generación.  Una vez más estamos frente al fenómeno más complicado y a la vez más simple, la construcción de la naturaleza humana, las debilidades humanas y el carácter mismo.

 

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Echando un vistazo a nuestro interior y revisando  un poco sobre nuestra integración personal, nos daremos cuenta que nuestro carácter ha sido construido en base a las experiencias desde la niñez, la cultura, las costumbres, los valores familiares y por lo tanto, esto define formas de pensamiento, creencias, actitudes y comportamientos a decir, los roles a jugar en  sociedad que a su vez, va directamente ligado a la relación con el género.  Para ejemplificar un poco esto, no se entiende de igual forma el rol del padre proveedor en zonas urbanas que en las rurales, o de ama de casa y madre de una gran urbe que en una pequeña población, o de autoridad y mando entre hombres y mujeres en  diferentes clases sociales, regiones o idiosincrasias.

 

Por tanto, cuando las mujeres y los hombres nos enfrentamos a la sociedad nuestro comportamiento deriva de la información precargada, y jugamos el papel o roll social para el cual hemos sido diseñados, y en las cuestiones de género son claros esos comportamientos.

 

Abundando más,  esta cultura reproduce lo que ve, lo que vive, lo que hace. Por ejemplo, acaso alguna vez a ti HOMBRE te dijeron cosas como:

Que ¿Tenías que ser el sostén de la casa?, que ¿Tenías que trabajar para mantener a tu familia? o

¿Sabías que tú no podías llorar, porque los hombres no lloran?

Escuchaste a tu padre, tus abuelos, e incluso a tu mamá decir que todo lo mejor es para los hombres y que las mujeres estaban ¿solo para servirte?

O viceversa, MUJER, te dijeron alguna vez que las mujeres nacieron para ¿Quedarnos en casa y cuidar a los hijos?

Que a la mujer le toca ¿lavar, planchar y cocinar mientras el esposo trabaja?

¿O que el estudio no era para las mujeres?, etc.

 

Igualdad

 

Acuerdo Social para la Igualdad.

 

Estas voces, estas y otras frases, constituyen declaraciones condicionantes que a la luz de todos son normales, todos las conocemos, y las aceptamos en comunidad, se convierte en algo normal, se establece un ACUERDO SOCIAL, donde las desigualdades existen pero no son cuestionadas, esa es su normalidad.  Así pasara el tiempo y nada pasara, hasta que un día alguien cuestiona o rompe el acuerdo social e inicia la descomposición social.

 

Me atrevo a señalar que las luchas  de géneros son tan naturales y tan antiguas como las mismas discusiones que seguramente hubieron tenido Eva y Adán frente al fruto prohibido.  Pero las desigualdades son producto de la construcción errónea de los caracteres de cada ser humano,  de la incapacidad de dar y recibir amor, atención,  respeto, de romper la supremacía de unos sobre otros y de llevar el rompimiento del ACUERDO SOCIAL a un caos y no evolucionarlo a un nuevo ACUERDO SOCIAL donde la libertad y la igualdad de vivir, de respirar, de ser y de amar, nos pertenece a todos.

 

La tarea que tenemos todos en nuestra comunidad primaria, nuestra familia, es fundamental, es donde los grandes cambios y consolidaciones nacionales inician su gestación.  Necesitamos sabernos necesitados y urgidos de hacerlo, de lo contrario los esfuerzos Institucionales y de la Sociedad, así como las grandes reformas legales  pudieran solo definir el formato de la nueva arena de lucha de géneros y no del mejor espacio de convivencia y dignificación de los seres humanos.

 


 

Sobre el autor:

 

América Rojas ha colaborado con grupos de autoayuda para la atención de las adicciones y erradicación de la violencia infantil y de género; ha colaborado con Organizaciones pro defensa de los derechos de la mujer y los niños; es Coordinadora de AyudarTe, dedicada la gestión de ayuda en favor de grupos vulnerables; es una convencida de que solo tenemos una oportunidad para hacer un mundo mejor para todos y esa es Hoy.

 

 

Igualdad
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