Pandemia
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Por: C.P. América Rojas Cruz | @AmericaRojas

 

En mi anterior entrega consideramos algunos elementos que dan origen a la Violencia Infantil, hoy intentaré compartir otras caras de la misma realidad.  Las situaciones aquí presentadas forman parte de conversaciones reales, que en mi labor de apoyo en el trabajo con jóvenes he obtenido de los protagonistas a quienes cambie los nombres y omito datos por protección.

 

Caso 1. 

 

Ella se llama Daniela, tiene 22 años. “De acuerdo a lo que me relata, era una niña que vivía con su madre y su hermano dos años mayor que ella. Su padre los abandonó cuando ella tan solo tenía 14 años.

 

Ella mantiene en su mente muchos recuerdos de su infancia, casi ninguno grato; recuerda cuando aún su padre vivía con ellos, que golpeaba frecuentemente a su madre, que le causaba mucho miedo, y más cuando escuchaba a su padre decir que los iba a abandonar, que Daniela no era su hija y la acusaba de infidelidades y veía a su madre llorar.

 

En muchas ocasiones, su padre llevaba a casa a sus amigos y tomaban durante muchas horas,  recuerda como mandaba a su hermano a altas horas de la madrugada a conseguir más bebida y como lo castigaba si no la encontraba.  Desde los 13 años cuando su cuerpo empezaba a mostrar sus formas de mujer, cuando todos estaban borrachos la llamaban, la sentaban en sus piernas y la tocaban, no recuerda que hacia su padre… eso mismo sucedió aquel día cuando su padre desfallecido de borracho  cayo, los amigos la forzaron y violaron, el terror, la vergüenza, la tristeza la abrumaron… tuvo que guardar silencio, así eran las cosas ahí, tiempo después su padre los abandono, en su depresión la madre la culpo y la corrió de la casa… todo cambio.

 

Desde entonces vivió en todos lados y en ninguno, sobrevivió de la única forma que aprendió, vendiendo su cuerpo, hoy tiene dos hijos de no sabe quién, seguramente condenados a repetir la historia de su familia.

 

Caso 2.

 

Luis se prometió que nunca sería como su padre, que no se quedaría en este pueblo y que no viviría en la pobreza como toda su familia. El tenía sueños de aprender idiomas y viajar, que huiría de esos gritos y de la locura que inundaba su casa cuando su padre llegaba tomado, golpeaba a su madre, a él y a sus hermanos;  los insultos, el llanto y el miedo.  Entre tanta confusión solo se recuerda por horas en ese rincón escondido y ausente.  Se convirtió en un niño silencioso, solitario y triste, nunca fue bueno para la escuela, solo llego a segundo de secundaria, cuando murió su madre sus sueños fueron desvaneciéndose día a día, hasta que los olvido.

 

Hoy Luis a sus 46 años, dice estar tranquilo y no tener problemas, que extraña a su madre, a su hermana Laura que se casó y se fue a los 16 y a su hermano Raúl que salió de casa a los 18 y nunca han sabido de él, que sigue viviendo en esa misma casa, que sigue trabajando en ese mismo taller ayudándole a su padre que ya es un anciano, que no tiene pareja, que no tiene hijos y que todas las tardes se distrae con sus amigos.

 

Luis no sabe idiomas, no ha salido de su pueblo, ha estado internado en diversas ocasiones en clínicas de desintoxicación y ha sido hospitalizado de urgencia, padece diabetes y desnutrición  avanzada derivado de su fuerte alcoholismo y drogadicción.

 

Caso 3.

 

La historia de violencia doméstica en Juan no es tan diferente que la de Luis, solo que el sí logro estudiar una carrera universitaria. Por un tiempo, durante su adolescencia, se fue a vivir a casa de unos familiares a la Ciudad de México, no encontró su espacio en una sociedad, se sintió fuera de lugar,  menospreciado por esa comunidad, el Bullying se hizo presente por su físico obeso, su piel oscura fuertemente afectada por el acné, su manera de hablar, incluso por sus costumbre y cultura, entendió que perdió más de lo que gano y regreso a su ciudad natal, vivió lo que muchos no creerán que puede darse a esta edad, el fracaso y la frustración.

 

Hoy, en Juan no hay sueños, es un joven disfuncional, conformista, frustrado, solitario y resentido, para él la vida es algo que tiene que padecer, el mundo le debe mucho y seguramente en su primera oportunidad se lo cobrara y no creo que, en buenos términos, hoy por hoy pasa más de la mitad del día encerrado en su habitación y en su celular, engordando y enfermándose, no hay algo que pueda motivarlo.

 

A veces la realidad supera a la fantasía.

 

Especialista sobre Violencia Infantil.

 

Por otro lado, consultamos a un profesional sobre otra cara de la violencia, él es Carlos Fernández Flores, Psicólogo egresado de la Universidad Libre de Psicología de la Ciudad de Puebla, dedicado al Acompañamiento en Procesos con Adolescentes y Adultos, con más de 14 años de experiencia en el manejo de Adolescentes con adicciones.

 

Algunas preguntas al especialista.

 

Pregunta: ¿Cómo darse cuenta de situaciones de violencia infantil?

Respuesta: Aunque queramos creer que la violencia infantil es un asunto de causa y efecto, en realidad se trata de un proceso en el que el acto deliberadamente violento es sólo un eslabón. Es relativamente fácil señalar la violencia infantil, cuando se trata de golpes, gritos, abusos deliberados y actos humillantes. No es fácil poder percatarse de la violencia sutil, por ejemplo, la violencia que ejerce un padre o una madre con una expectativa perfeccionista que recae en el hijo.

 

Pregunta: ¿Hay maneras de negociar estas expectativas con los padres?

Respuesta: La respuesta dejaría silencioso a cualquiera.

 

Pregunta: ¿Entonces, las expectativas son causas de violencia?

Respuesta: Las expectativas perfeccionistas, que se vuelcan a los hijos siempre en nombre del “amor”, de su “desarrollo”, del “mejoramiento personal” van generando una presión interior fuerte que podría devenir en ansiedad, poca tolerancia a la frustración, incluso hay datos de niños que han intentado suicidarse porque sienten que no alcanzan la expectativa de papá o mamá. La ironía es que los padres pueden dar todo materialmente, alientan y motivan a su hijo, proporcionan todas las condiciones para el desarrollo del hijo. Pero, no logran darse cuenta de la carga emocional que constantemente desplazan a su hijo.

 

Pregunta: ¿Por qué los padres van generando esta idea, de que su hijo debe ser el mejor?

Respuesta: Probablemente se deba a un mecanismo transferencial, pienso que los padres desconocen los motivos inconscientes que hacen que ellos se tornen exigentes. Sin vincularse desde una posición menos aplastante.

 

Podrías leer: El Algoritmo Social ▶ La Sociedad y el Diseño de esta Nueva Vida.

 

En suma, amén de los esfuerzos institucionales, el consumo de sustancias adictivas, los suicidios, la desintegración social, la violencia en casa y en las calles, la inseguridad y las enfermedades físicas y emocionales en este sector juvenil de la población van en aumento día con día.

 

Todavía no vemos todas las repercusiones que tendremos en esta y en las próximas generaciones, estamos observando la punta del iceberg,  son tiempos de hacer un alto ya, de reflexionar la sociedad que habremos de tener en pocos años y de definir si queremos  un cambio sustancial; se requiere del concurso de instituciones educativas, médicas, religiosas, de seguridad y más aun de la Institución Social por excelencia que es la Familia como célula básica vital en la construcción de seres humanos íntegros, sanos y felices,  y ahí tenemos una impostergable responsabilidad.

 

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Sobre el autor:

 

América Rojas Cruz ha colaborado con grupos de autoayuda para la atención de las adicciones y erradicación de la violencia infantil y de género; ha colaborado con Organizaciones pro-defensa de los derechos de la mujer y los niños; es Coordinadora de AyudarTe, A.C. dedicada a la gestión de ayuda en favor de grupos vulnerables; es una convencida de que solo tenemos una oportunidad para hacer un mundo mejor para todos y esa es Hoy.

 

 

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